terça-feira, 10 de junho de 2014

Do resgate democrático


Hay una contradicción latente, poco explicitada en los debates cotidianos, que parte en dos la idea tradicional sobre el proceso de construcción europea. Mientras unos entienden que el modelo social es la seña de identidad de la Unión Europea (UE), la que la distingue de cualquier otra zona geopolítica y la hace superior a ellas, otros critican ese modelo social como una de las principales rémoras para la supervivencia de Europa en la primera división del mundo más avanzado, por restarle eficacia económica.
Los primeros creen que existe una identidad absoluta entre los valores europeos, la democracia, la igualdad de oportunidades y la protección social que representa Europa; son los demás los que deben adaptarse y converger hacia estos parámetros de progreso si se conviene que hay que avanzar hacia un bienestar inclusivo. Los partidarios de la eficacia como prioridad defienden que el modelo social está desfasado y es producto de otra época, y que la iniciativa privada, el mercado, ofrece modos alternativos y más eficientes para lograr los mismos fines. Europa no debe persistir en un error que le lleva al declive, sino volver a la nonata Agenda de Lisboa, basada en la competitividad, la innovación y la flexibilidad empresarial.

Es paradójico que existiendo esta polémica tan fuerte (que es la que diferencia a la izquierda de la derecha), la institución que con sus medidas, declaraciones y silencios marca en primera instancia la política económica de la zona sea financiera: el tecnocrático Banco Central Europeo (BCE), el único capaz de mover las cosas de un día para otro. La Comunidad Europea se creó para que en su territorio los ciudadanos no volviesen a matarse fraternalmente, pero se dotó de un procedimiento: la democracia representativa. La contienda entre los partidarios del modelo social europeo y los de su privatización no debería resolverse por expertos en torno al principio de eficacia, sino mediante la confrontación política transparente ante los ciudadanos. La política es consenso, pero también conflicto.

Joaquín Estefanía, ElPais, 09/07/14.

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