"Ninguém escolhe o país em que nasce: mas decidir ficar é um acto de amor. E de vontade de reinventar novos futuros", Adriano Moreira, 'Da Utopia à fronteira da pobreza'
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domingo, 30 de setembro de 2018
terça-feira, 25 de agosto de 2015
Mestres (V)
Uma mãe alcoólica, que fazia chantagem emocional com a filha (de quem se sentia dependente), um pai com agudo sentido de aventura, enérgico, vibrante; uma mãe vinda de uma certa aristocracia social, para quem as questões sociais tinham pouco interesse, e um pai vindo da pobreza, do Sul da América, para quem subir na vida era determinante; uma mãe frustrada no casamento, a quem uma paixão anterior marcara para sempre; um pai, advogado de questões fiscais, que gostaria de ter sido cientista; uma mãe que, finalmente, assume o seu problema com o álcool e ajuda os seus semelhantes nos Alcoólicos Anónimos (um modo de consolação); um pai racista, que não entende a utilidade da Filosofia, mas que ensina, como ninguém, a força de vontade que ajudará a futura Professora a singrar. O republicano de direita, que lê alto de modo magnético, tem como declaração de amor à filha, no hospital, em fim de vida, o apoio a Hubert Humphrey face a Richard Nixon ("um modo de dizer eu gosto de ti, eu estou atento ao que dizes"). A sua energia será o que Martha Nussbaum procurá nos parceiros (amorosos) que a vida lhe traz.
A arte, a escrita, o trabalho será uma forma de tentar compensar um sentimento de culpa que todos trazemos (Martha sente culpa em relação à mãe, que não compreendeu, a quem não perdoou durante muitos anos). A arte ajudará a sublimar a dor. Mahler, com As canções das crianças mortas, será absoluta referência neste quadro. Uma hora e vinte e cinco de conversa com "uma das mais intrigantes filósofas da actualidade" sobre emoções, intimidade, família.
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quarta-feira, 20 de maio de 2015
Livre-arbítrio (XXVIII)
Na semana em que se realiza um importante conjunto de
conferências na Faculdade de Direito de Lisboa, equacionando as questões do
livre-arbítrio, responsabilidade (penal), aportes neuro-científicos, alguns
tópicos para debate:
domingo, 14 de outubro de 2012
Martha C. Nussbaum
Por mais do que uma vez, em 2011, se falou de Martha C. Nussbaum neste blog. Este fim-de-semana, o Babelia, a propósito do Prémio Asturias 2012 ganho pela filósofa traça-lhe o perfil e publica uma entrevista com a Professora:
No
voy a descubrir a nadie la personalidad de la gran intelectual norteamericana
ganadora este año del Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, sólo
quisiera subrayar la relación de su
actitud ética con su admirable formación humanista, en un tiempo en que ese
rasgo no es ya frecuente. La extensísima obra ensayística de Martha
Nussbaum (Nueva York, 1947), profesora
en las prestigiosas universidades de Harvard, Brown y Chicago, es ejemplar
tanto por su amplitud y coherencia intelectual como por su apuesta por una
educación basada en la gran tradición cultural para todos. En su temática y su estilo se define
como una tenaz lectora de los grandes clásicos de la filosofía y la literatura
—desde los trágicos griegos, Platón y Aristóteles hasta Kant, Proust, Freud y
Nietzsche, por citar a algunos de sus autores predilectos—; y como conocedora y
muy aguzada crítica de los novelistas, pensadores y sociólogos más actuales.
Contamos con buenas y prontas traducciones de casi todos sus libros, desde La
fragilidad del bien (Visor, 1995) hasta Crear capacidades. Propuesta para el
desarrollo humano (Paidós, 2012). Como los mismos títulos me parecen
reveladores y significativos de esa perspectiva humanista, citaré además: La
terapia del deseo, El cultivo de la humanidad, Los límites del patriotismo, Las
fronteras de la justicia, Paisajes del pensamiento, India (todos en Paidós);
Justicia poética (Bello); Libertad de conciencia (Tusquets); Las mujeres y el
desarrollo humano (Herder); El conocimiento del amor: ensayos sobre filosofía y
literatura (Antonio Machado), y, en fin, El ocultamiento de lo humano y Sin
fines de lucro. Por qué la democracia necesita de las humanidades (ambos en
Katz).
Al
margen de estos libros, Nussbaum ha escrito multitud de artículos puntuales y
menos especializados en revistas de filosofía y en selectos periódicos
académicos, e intervenido activamente en debates actuales sobre política, ética
y educación, no sólo en Estados Unidos. Algunos años junto al economista hindú
y premio Nobel Amartya Sen.
Con
un talante liberal y una actitud personal muy decidida, Martha Nussbaum ha
apoyado reivindicaciones feministas y
luchado en defensa de los derechos de inmigrantes y de las gentes de otras
culturas, defendiendo una verdadera igualdad social de oportunidades, y lo que
llama una universal “creación de capacidades” para el pleno desarrollo personal
de los individuos de cualquier cultura, raza y condición social. Ha insistido,
por ejemplo, en que no solo debe atenderse al PIB como único factor para
evaluar el actual Estado de bienestar de un país, sino a la educación y al
marco cultural que permita una auténtica realización personal, que va más allá
de una mera visión del factor económico como índice único para medir la
libertad, la civilización y el progreso. De ahí su insistencia en una educación atenta a todo lo humano, como
un derecho esencial, que debe ir más allá de “lo rentable” en su sentido más
burdo; buscando una educación pública y universal, abierta a la cultura y a la
libertad, una paideia verdadera.
Pero
no intento resumir las ideas de M. N., querría solo subrayar cómo en su tan
brillante trayectoria ha derivado desde los asuntos filosóficos de tono académico
de sus primeros tiempos hacia los libros más recientes, de amplia temática y
crítica social. Es evidente que textos amplios como La fragilidad del bien:
fortuna y ética en la tragedia y la filosofía griega, y La terapia del deseo:
teoría y práctica en la ética helenística e, incluso, Paisajes del pensamiento
nos muestran a una helenista erudita,
una perspicaz comentarista de textos
clásicos (no sólo griegos,
sino también de Lucrecio, Cicerón o Séneca, y de filósofos posteriores),
que relee con hondura crítica los
grandes textos de ética y política, retórica y psicología. Con sus numerosas citas, notas y
bibliografía erudita, la acreditaron como ejemplar scholar (en la conocida
línea de reivindicación y recuperación actual de cierto aristotelismo, como la de
Rorty y otros). Pero sus temas no se detenían en el mundo antiguo, sino
en los problemas de siempre, como evidencia su atención a la tragedia y la
novela, los sentimientos (como el amor, la compasión, etcétera) y, en
definitiva, la relación de la reflexión con la acción en la ética y la
política. Es decir, rememora las
teorías clásicas como instrumentos y referencias para hoy. No en un ejercicio
de arqueología docta, sino de comprensión, para entender y juzgar mejor nuestro
presente; típica tarea del humanista. Las referencias a los grandes pensadores
le sirven para una mirada propia para enfocar con mirada más libre la
circunstancia actual e invitan así a sus lectores a nuevas perspectivas sobre
esa tradición intelectual (que va de las anécdotas vivaces de un Diógenes
Laercio a textos de Platón, Kant y Nietzsche).
Desde esa atalaya de
eruditos aires académicos, Nussbaum ha descendido con su aguzado y claro estilo
expositivo a las cuestiones más candentes de nuestros días con todo su rigor
crítico y su empeño humanista. En libros más breves sobre los asuntos de
siempre: la educación, los sentimientos, la libertad, la cultura y la
democracia real. Los títulos mismos ya lo apuntan. Y lo demuestran, entre
otros, Cultivar la humanidad o Sin afán de lucro, que podríamos recomendar a
los programadores de nuestros planes académicos, si su dudoso sentido crítico
les permitiera leer y ser críticos al respecto.
Carlos
Garcia Gual, Babelia,
ElPais, 13/10/12.
No contestaré correos
electrónicos durante el Rosh Hashana [Año Nuevo judío que suele caer a
comienzos del otoño]”. Los correos electrónicos de Martha Craven Nussbaum son
precisos, directos, sin concesiones a rituales sociales. Reconocida como una
de las grandes filósofas actuales, profesora de Derecho y Ética en la
Universidad de Chicago, autora de más de dieciséis libros (la mayoría,
editados en español por Paidós) sobre filosofía griega y latina, derechos de
las mujeres, filosofía política, religión e igualdad entre los humanos, Martha
C. Nussbaum va al grano cuando se instala ante el ordenador. El próximo día 26
recogerá en Oviedo, de manos del príncipe Felipe, el Premio Príncipe de
Asturias de Ciencias Sociales 2012, un galardón que la ha dejado “increíblemente
sorprendida, honrada y encantada”, porque, “aunque estoy al corriente de que
mis libros se han publicado en España, y hay algunos jóvenes que han escrito
sobre ellos, no era consciente de que se me apreciara tanto”, dice en esta
entrevista realizada mediante cuestionario electrónico.
PREGUNTA. Su currículo
es apabullante. Da clases, conferencias, participa en seminarios en todo el
mundo, escribe libros. ¿Qué hace para relajarse de tanta tensión laboral?
RESPUESTA. Soy cantante
aficionada. Canto una hora todos los días y doy recitales con cierta
frecuencia. También me gusta correr. Y, sobre todo, me encanta estar con mis
amigos, que son de lo más variado.
Martha C. Nussbaum
nació en 1947 en Nueva York, hija de un abogado y una decoradora de interiores
que dejó el trabajo para cuidar de sus dos hijas. Se educó en un colegio de
Bryn Mawr (Pensilvania), un lugar que ella misma ha calificado de “elitista y
esnob”. Su decisión de luchar contra las desigualdades surgió, cuenta,
como una reacción a ese ambiente. Aunque no solo.
“Una de las cosas
que me abrió los ojos a la realidad fue un viaje de intercambio estudiantil que
hice, un verano, en el que estuve viviendo con una familia obrera, en Swansea,
en el sur de Gales. Aprendí lo que es de verdad vivir en la pobreza. No me
pareció ni romántico ni atractivo. Estaba siempre triste y aquello tenía poco
que ver con mis sueños, porque la pobreza mata las aspiraciones y te quita las
ganas de vivir”.
La aspiración inicial
de la joven Martha era ser actriz. Y para ello ingresó en la Universidad de
Nueva York, donde estudió Clásicas y Arte Dramático. Durante dos años se dedicó
a la interpretación, como actriz profesional. “La experiencia me sirvió para
ver mundo, conocer a un grupo más amplio de personas y explorar mis emociones.
Todavía hoy me gusta mucho actuar, aunque, como le decía, cantar me gusta más”.
Nussbaum continuó sus
estudios en la Universidad de Harvard donde descubrió, de pronto, su pasión por
la filosofía. En esa prestigiosa institución se doctoró en la materia, a
mediados de los setenta, y dio clases, ya casada (de hecho mantiene el apellido
de su esposo, Alan Nussbaum, del que se divorció en 1987) y con una hija,
Rachel, hoy profesora de universidad como ella. Nussbaum ha contado que Harvard
era una verdadera prueba para mujeres en sus circunstancias.
P. ¿Ha mejorado la
situación en las universidades estadounidenses?
R. Ha mejorado
muchísimo en dos de los aspectos que yo contaba: el acoso sexual está muy
vigilado, y es más raro, aunque no tanto como debería, y tanto padres como
madres disponen de atención para los hijos. Además hay una voluntad mayor por
parte del cuerpo académico masculino de compartir las tareas domésticas y el
cuidado de los hijos. El ambiente es mucho mejor en ese aspecto que el de los
bufetes de abogados al que están ligados muchos de mis alumnos. En ese mundo,
las jornadas largas hacen imposible conciliar la vida familiar y el trabajo,
por eso se ha perpetuado un sistema de dos velocidades en el que las mujeres
son las que tienen trabajos a tiempo parcial.
P. Pero las mujeres
empiezan a ser promocionadas por el hecho de serlo y a beneficiarse de
políticas de discriminación positiva. ¿O son, a menudo, medidas puramente
cosméticas?
R. Las actuaciones de
afirmación, como las llamamos en Estados Unidos, son necesarias. Las más urgentes
son las que sirven para crear espacios de auténtica y completa igualdad de
oportunidades. Lo que significa intervenir pronto en la educación de las
jóvenes y ofrecer incentivos a los padres para que las alimenten bien y las
envíen a la escuela —hay todavía un abismo en términos de mortalidad y
educación entre los sexos en muchos países del mundo—. Al mismo tiempo,
hay que adoptar políticas que faciliten que el potencial femenino sea respetado
y cultivado, lo que incluye medidas adecuadas para el cuidado de niños y
ancianos, una carga que recae sobre las mujeres en todo el mundo. En estos
casos, esas actuaciones, lejos de ser mera cosmética, son cuestión de vida o
muerte. Y si se diera el caso de que otras lo son, habría que denunciarlo.
Nussbaum trabajó, a
partir de 1986, con el premio Nobel de Economía Amartya Sen en la iniciativa
sobre capacidades, un enfoque diferente para medir el desarrollo de un país, en
el centro de Naciones Unidas (UNU-WIDER) dedicado a la investigación en
desarrollo económico.
P. ¿Qué significó para
usted recibir esa invitación de Amartya Sen?
R. Eso es incorrecto,
Sen no me llamó. Fue el director del instituto, Lal Jayawardena, el que me
invitó a presentar una propuesta de proyecto para ligar desarrollo económico y
filosofía. Yo dirigía ese proyecto, mientras que Sen dirigía otros en el área de
pobreza y nutrición. Él había desarrollado ya esa perspectiva de las
capacidades. Lo que yo hice fue ocuparme del aspecto filosófico. Fue una
experiencia que me abrió los ojos sobre la importancia de los problemas de
desigualdad, y me puso en contacto con gente de todo el mundo interesada en el
tema.
Nussbaum detalla con
detenimiento este enfoque en su último libro publicado en español: Crear
capacidades. Propuestas para el desarrollo humano (Paidós). En él, hace un
análisis del desarrollo social y económico, que lejos de estar basado en los
habituales indicadores económicos, como el producto interior bruto o la renta
per capita, tiene en cuenta los medios que pone un Estado al alcance de sus
nacionales para que desarrollen las capacidades que cada ser humano encierra, y
que ella resume en un decálogo. Lo que mediría el verdadero desarrollo, por
tanto, sería que la gente disfrutara del derecho a la vida (“a una vida de
duración normal, sin muerte prematura”, especifica la autora), a la salud
física, a la integridad física (“estar protegidos de los ataques violentos,
incluidas las agresiones sexuales y la violencia doméstica”), o del derecho a
poder usar “los sentidos, la imaginación, el pensamiento y el razonamiento de
una forma verdaderamente humana”. El decálogo incluye también “el poder vivir
una relación próxima y respetuosa con los animales, las plantas y el mundo
real”.
¿Cuándo se podrá
aplicar todo esto, especialmente si lo contemplamos desde un escenario de
crisis económica que está destruyendo el Estado de bienestar? “Son propuestas
para el futuro”, responde Nussbaum. “Ninguna nación las ha aplicado todavía
por completo. Pero si conseguimos un consenso internacional para que sean
consideradas derechos humanos fundamentales, podremos lograr que lo sean en
algún momento”.
Como apasionada de la
filosofía y las humanidades, Nussbaum se ha quejado públicamente de la obsesión
por los estudios técnicos, en todo el mundo, y de la afición de los estudiantes
a escoger especialidades en función del dinero que se pueda ganar
ejerciéndolas. “No tengo el menor problema con las carreras técnicas, no
obstante, soy partidaria del sistema educativo en el que todos los alumnos
estudian unas materias comunes. Aparte de que ya sabemos que en este mundo de
economía cambiante, las humanidades les interesan mucho a los licenciados en
Derecho, Medicina y Negocios, porque proporcionan la clase de visión flexible
requerida en la nueva economía. Por lo tanto, licenciarse en Filosofía tampoco
le impide a nadie encontrar un trabajo”. Para Nussbaum, los
estudios humanísticos son fundamentales además en la forja de un saludable
sistema democrático. “Son materias que nos aportan información sobre el mundo
en el que vivimos”, dice. Y de entre ellas destaca la filosofía. “Como ya lo
vio Sócrates, la filosofía tiene una capacidad única para producir una vida
examinada, es una fuente de razonamientos y de intercambio de argumentos.
Nuestro clima político actual es histérico, dado a las invectivas más que a los
argumentos. Necesitamos de la filosofía con la misma urgencia que la Atenas de
Sócrates”.
P. En su libro
colectivo Los límites del patriotismo, alerta de los riesgos del excesivo
patriotismo. Parece que la cuestión sigue siendo fundamental para los
políticos. En la campaña electoral de Estados Unidos se está viendo un recurso
constante al patriotismo hasta en los demócratas. ¿Qué opina al respecto?
R. La verdad es que mi
visión del patriotismo ha cambiado mucho, pero tendrá que esperar a que salga
mi nuevo libro (Political emotions: Why love matters for Justice) el año que
viene. Básicamente, estoy de acuerdo con Mazzini [político y activista italiano
del siglo XIX que luchó por la unificación de Italia] y otros patriotas, para
quienes un patriotismo bueno, inspirado en los valores positivos, es esencial
para motivar a la gente en proyectos que requieren de nuestros sacrificios por
el bien de los demás.
P. Se convirtió usted
al judaísmo hace años. La reputación de esta religión se ha visto empañada por
la actitud de los judíos ortodoxos en Israel. ¿Qué papel reserva a las mujeres?
R. No veo cómo puede
verse empañada una religión por la mala conducta de sus miembros. No creo que
los cristianos del mundo tengan que disculparse a diario por las opiniones
sobre la mujer que mantiene el Opus Dei. El judaísmo ortodoxo tiene diferentes
variedades, y algunas de ellas han mantenido durante mucho tiempo visiones
criticables sobre las mujeres, por eso se produjo la reforma del judaísmo en el
siglo XIX, con la vista puesta en una religión que mantuviera de verdad la ley
moral y la dignidad humana. Es una religión totalmente aparte, con seminarios
rabínicos distintos y una teología totalmente diferente. En estos momentos, en
Estados Unidos, más de la mitad de los rabinos reformados y “conservadores” (y
lo pongo entre comillas porque son también bastante liberales) son mujeres, y
estas dos denominaciones no ortodoxas, muy similares, representan el 90% de los
judíos americanos. Y son dos de las denominaciones más progresistas en la vida
religiosa de Estados Unidos. La posición de las mujeres en el judaísmo nunca ha
sido más sólida. Mi rabino y mi cantor son mujeres, yo misma celebro servicios
religiosos, canto y predico. La verdad es que el problema actual es reclutar
hombres con talento para el rabinato reformado”.
Lola
Galan, A utilidade
da filosofia, entrevista a Martha C.
Nussbaum, Babelia, El Pais, 13/10/12.
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